Tan solo un 1%…

Escrito el 21/10/2020
Mente Nueva


Los seres humanos tenemos una tendencia innata a fijarnos en los fallos.

Imagínate: te cruzas por la calle con una persona que está perfectamente vestida, pero que tiene una mancha visible en una parte de su vestimenta. ¿Adivinas en qué vas a fijarte? En la mancha. Esa persona está bien vestida y arreglada al 99%, pero ese 1% de error nos cautiva. Es fácil empezar a pensar cómo se habrá hecho esa mancha, o incluso empezar a juzgarla por no haberse dado cuenta, o por no haberla limpiado antes de salir de casa. 

El diccionario de la Real Academia de la Lengua dice que acusar es “señalar a alguien, atribuyéndole la culpa de una falta, de un delito o de un hecho reprobable”. ¿Sabes quién es denominado en la Biblia como el “acusador”? El diablo. 

El enemigo es el que siempre trata de señalar nuestras faltas, de apuntar a nuestros pecados, para restregárnoslos así en nuestras narices. ¿Sabes por qué? Porque el enemigo no solo es el acusador, sino que es llamado también el “padre de mentira” (Juan 8:44). A través de esas acusaciones, trata de llenar tu mente de todo tipo de mentiras para que creas que eres un hipócrita, un(a) mal(a) cristiano(a), un(a) hijo(a) de Dios terrible. 

Mientras creas esas mentiras, no pelearás con fe. Estarás hundido, te sentirás como un fracaso, y no supondrás ningún problema para él. 

¡Querido(a) amigo(a), hoy es el día de defenderte! Ante ese fiscal tan feroz que es el diablo, tienes al mejor abogado defensor de la historia: Jesucristo. Él nunca ha perdido un caso, y tú no vas a ser el primero ;) Él ha muerto por todos tus pecados, Él te ha limpiado con la sangre que derramó en el Gólgota, y es por eso que hoy puedes tener un nuevo comienzo. ¿Acaso no es maravilloso?

Levanta tu voz conmigo en este día en oración: “Señor, gracias porque me has limpiado de todos mis pecados, y porque soy libre de la culpa. En el Nombre de Jesús, renuncio a todos los pecados y a todas las cosas que no te agradan, Señor, y te pido que me ayudes a apartarme cada vez más de lo que no es según Tu corazón, para que siga así creciendo en Tu verdad. Soy un(a) hijo(a) amado(a) de Dios, y cada día voy a ser un(a) mejor cristiano(a). ¡Gracias, Señor! En el Nombre de Jesús. ¡Amén!”

Te llevo en el corazón. ¡Eres precioso(a) para Dios!

¡Eres un Milagro!